Crónica de un divorcio anunciado

19 Noviembre 2009

Intentando protegerlos dentro de una burbuja

Archivado en: Uncategorized — midivorcio @ 1:28 PM

El viernes pasado estuve reunido con unos amigos. No sé en qué parte de la conversación comenzamos a hablar acerca de mi situación tan “gaseosa” y cómo podía repercutir en el desarrollo psicológico de mis hijos.

El asunto era que yo no podría pretender hacerlos felices si yo mismo no era feliz, viviendo una especia de farsa, como si fuéramos todavía una “familia feliz” delante de ellos, pero durmiendo en una habitación distinta a la de su madre, sin tener casi ningún tipo de comunicación con ella, excepto para los asuntos domésticos y relacionados con los niños.

Tenían un “buen punto”; en el fondo yo sabía que lo tenían. Sin embargo, no podía concebir el hecho de separarme de ellos. O talvez lo que aun no puedo concebir es el hecho de separar a la familia. Esa de la que ellos se sienten tan ilusionados de tener. Sea como sea en este momento. Así de disfuncional, así de diferente, así de dura a veces.

Pero luego, una de las chicas dijo algo que me dejó más preocupado. Que lo que yo estaba haciendo era formar personitas que en el futuro, cuando les toque convivir con una pareja, pensarán que no es tan malo vivir de la forma como nosotros, sus padres, lo estábamos haciendo. No puedo sacarme esa idea de la mente. ¿Estaré acaso haciéndoles más daño, intentando protegerlos dentro de una burbuja?

30 Octubre 2009

Come ‘ere baby!

Archivado en: Antes — midivorcio @ 11:59 AM
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Hoy por la mañana, manejando el auto camino hacia mi trabajo, me sorprendió escuchar después de tanto tiempo la inconfundible voz de Steve Tyler por la radio. “Come ‘here baby!” era la primera línea del tema “Crazy” de Aerosmith. Me remontó por unos segundos 14 años atrás. Sin duda a algo totalmente estúpido, sin embargo es de esas cosas que se te quedan pegadas al cerebro.

Alicia Silverstone en el videoclip de "Crazy"

A pocas semanas de haber empezado nuestra relación o como decimos en el Perú, a pocas semanas como “enamorados”, fuimos a la casa de una amiga en común. Era sábado por la noche y cuando llegamos ya había un buen grupo de gente tomándose sus tragos y conversando.

Antes de entrar a la casa le había dicho a C que si ponían una balada, me gustaría mucho bailarla con ella. C me dijo que preferiría que no, porque le daba “roche” (pena, vergüenza), así que todo quedó allí, no pasaba nada.

Luego de varias horas, estando cada uno en su grupo de amigos, se escuchó el “Come ‘ere baby!” con el que iniciaba uno de los temas del momento (1994): “Crazy”. Busqué a C con la mirada, dispuesto a proponerle romper con su timidez y bailar la canción. Mi sorpresa fue que uno de los amigos de su grupo ya la estaba sacando a bailar, y bueno, ella efectivamente había podido superar el “roche”, pero no conmigo.

Ella me explicó luego que era uno de sus buenos amigos del instituto y que no tuvo otra opción que aceptar salir a bailar. Me molesté un poco, sí, pero entendí la situación.

Desde aquella vez, jamás pero jamás pude dejar de pensar en ese incidente cada vez que escuchaba “Crazy”. Y hoy por la mañana, cuando la pusieron en la radio, no fue la excepción.

24 Octubre 2009

La pregunta que nunca hubiera querido responder

Archivado en: Durante — midivorcio @ 4:00 PM
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- ¿Usted la ama todavía? – me preguntó mi psicóloga con una determinación que nunca antes le había percibido. Como si estuviese dando un paso que aun no hubiese querido dar.
- Bueno, como ya le dije, siento mucho cariño por ella, la respeto y la quiero como madre de mis hijos, y siento que quiero su bien, quiero que sea feliz.
- Pero, ¿la ama usted a ella como mujer? - parecía no haber quedado satisfecha con mi respuesta.
- ¿Como mujer? ¿Se refiere a que si la deseo sexualmente?
- A ver, usted puede ver a una mujer en la calle, no sé… una mujer “90, 60, 90″ y desearla. Eso no es amor ¿me dejo entender?
- Sí, claro - respondí algo avergonzado.
- ¿La ama?
- Bueno, si se refiere a querer compartir con ella mi día a día, necesitarla para contarle mis ideas, mis  alegrías y frustaciones, si me siento feliz a su lado, pues… no.
- ¿Lo ve usted? Le ha costado mucho darme una respuesta tan simple. Y no se lo pregunto porque yo no lo sepa. Como terapéuta, yo lo sé. Pero quiero que usted (y lo mismo le pasa a su esposa) lo acepte y lo diga, sin culpas, sin remordimientos. Quiero que usted sea honesto consigo mismo.
- Lo entiendo. Me cuesta decirlo talvez porque el simple hecho de decirlo, duele.
- Por supuesto que duele. Tiene que doler. Todo lo sucedido entre ustedes no es para menos. Pero ha dado usted un paso importante. No se sienta mal. Siéntase liberado. ¿No se siente usted con un peso menos encima?
- Sí. Tiene usted razón. Pero no sé si ahora me siento mejor o peor.

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